Supongo que hay perfiles, sueños, que lejos de dar miedo, son capaces de sembrar la incertidumbre en la decisión de nuestras conciencias. Yo una vez tuve un sueño de esos épicos que hizo dudar a mi conciencia. Y, no podía ser de otro modo, todo comenzó en la cima del Yelmo con el épico susurro que me dijo "¿por qué no?".
Así, empecé a pedalear con la persona adecuada hacia el horizonte correcto en la certeza de que tarde o temprano terminaría viviendo la perfección de un sueño que recordaría todos los días de mi vida.
Creo que fue ahí, justo en el momento en el que el sueño se deshizo de la razón en aquel atardecer pedricero, cuando comprendí y acepté el hecho de que debía transitar un camino poco frecuentado si quería que los sueños fueran mi vida, si pretendía que mi vida fuera sueño.
De nuevo la duda, de nuevo las raíces de la conciencia, se empeñaban en vacilar a la decisión con preguntas que no existían pues hablaban del futuro "¿vas a poder pedalear a más de 5000m?; ¿vas a ser capaz de encontrar el camino?; ¿vas a poder ir por donde apenas pueden subir coches y camiones?"... ¡y qué más daba, si uno empieza a pensar todo lo que le puede pasar en la vida lo mejor es que no salga de su casa!
Y salí de casa para ya nunca dejar de soñar.
1 comentarios:
Amigo Juan, cómo envidio tu valentía para haber sido capaz de salir de casa para no dejar nunca de soñar. Si según dices todo empezó en la cima del Yelmo pedricero...voy a tener que subir hasta allí para ver si yo soy también digno de escuchar esa llamada y no soy soy tan cobarde como para no lanzarme a la aventura...
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