miércoles 19 de marzo de 2008

VENDIENDO HUMO


¡Ay qué ver el poder que tienen las palabras y la capacidad de persuasión que poseen algunas personas cuando se ponen a contar batallas... a vendernos humo!

Yo hago cosas, pero claro, como resulta que de esas cosas que hago soy yo el protagonista pues no las doy mucha importancia y no suelo hablar de ellas... hoy me soltaré el pelo y, como Gala, hablaré de mí y de mis heroicidades.


Una de las cosas que hago cuando estoy en Madrid y la soledad es la única compañía que vela la madrugada es escuchar la radio hasta que me quedo dormido mientras unos hablan del deporte que otros practican.

Fue ahí, una de esas noches en los que la conciencia se pierde suavemente y la realidad se mezcla con los sueños, cuando oí hablar de Pakistán y de la Karakorum Highway... y recuerdo que me dormí pensando que yo había recorrido eso mismo de lo que hablaban montado en una bicicleta, sobre mi OrBea.

Sí, veníamos de cruzar el Himalaya en bici y por delante nos esperaba Pakistán y su Karakorum... ¡uff, Pakistán; que país de contradicciones y de lecciones sublimes! Un país inmenso, tremendo, en el que las sensaciones de ánimo se suceden aún con más celeridad que en India; sin embargo, una diferencia separa las sensaciones que acontecen en mi siempre presente India y en Pakistán: las luchas Pakistaníes, tanto las externas como las internas, son una batalla continua por la supervivencia propia y ajena.

El abrazo más dulce de mi vida me lo dieron en Pakistán; la hospitalidad más generosa de mi camino se divide entre Siria y Pakistán... y sólo en Pakistán tuve la sensación de que aquellas pedaladas que nos encaminaban a la salida de Chilas iban a ser las últimas de mi vida; así que hinché mis pulmones, contemplé los picos del horizonte, y esperé con resignación a que alguien, desde cualquier recodo de Chilas, desde cualquier coche madrugador, o desde cualquier autobús clandestino me descerrajara dos tiros en mitad de la espalda.

Afortunadamente para mí esos dos tiros nunca llegaron y a fuerza de pedalear pasó el tiempo y regresé a casa para escuchar la radio.

Confundiendo sueño y realidad oí a Sebastián Álvaro, ya sabéis, ese calvito que ha estado en todos los campamentos base del mundo pero que que no ha salido de ninguno, hablando con la acritud que me caracteriza, vender una aventura suya como si de una odisea moderna se tratara. "Planeamos recorrer la Karakorum Highway en moto y, posteriormente, alcanzar Skardú a través de la garganta del Indo".

"Pero si eso es lo mismo que he hecho yo en bici"_recuerdo que pensé; "pues si lo tuyo es una aventura al límite de lo humano, lo que he hecho yo debe de ser..." _ y me perdí en el sueño ajeno de la conciencia.

Y como no podía ser de otra manera soñé con Pakistán; yo no sé adornar con palabras bonitas lo vivido; yo no sé describir a la perfección aquellos paisajes ya de por si perfectos... pero sí sé que iba en bici y que por ironías del destino, por los errores de la ignorancia, acabamos pernoctando lo que que pudo ser nuestra última noche en Chilas: la capital del Kohistán y pueblo fronterizo que separa dicha región de las regiones del Norte; es decir, una de las regiones más fundamentalistas de todo Pakistán.

Para describir la tensión de la situación, basta con recordar la pregunta de un inmigrante de las áreas del norte: "¿Pero qué hacéis aquí? Si esta gente es prácticamente terrorista; convalida la muerte de un occidental con la peregrinación a La Meca." Escapar de Chilas era una prioridad vital... una prioridad muy difícil pues ya habíamos montado un pollo a causa de un chal afanado por los pillos de la Ciudad y ya nos habíamos paseado semidesnudos, entiéndase "semidesnudos" según los estándares pakistaníes, por todos los rincones del pueblo en busca de alojamiento.

Con razón, escapando al alba, pensamos que aquellas vespertinas pedaladas serían las últimas de nuestra vida.

Seguimos camino para el norte abriendo la ruta que años después otros Aventureros del Límite Imposible harían sobre motos. ¿Cómo comprender que viajar en moto a más de 100km/h pueda ser una aventura después de lo vivido? ¿Cómo entender el cansancio motorizado después de haber sufrido jornadas de más de 10 horas dando pedales? ¿Cómo no sospechar cuando escuché, entre sueños, que las huellas del camino eran unos sencillos solastrones en los tobillos cuando mis huellas tardaron en cicatrizar meses?

Y Pakistán, el del norte, se volvió mucho más relajado y divertido. Bien es cierto que de vez en cuando nos adelantaban autobuses acribillados a balazos y que los locales nos decían que era mejor viajar en avión si uno quería viajar seguro... demasiado tarde para nosotros... pero la aventura de viajar en bici compensa cualquier peligro o inconveniente que pueda presentar el camino. Uno es vulnerable, muy vulnerable, tanto para lo bueno como para lo malo... y no puedo entender la palabra "aventura" si ésta no lleva asociado un peligro real que acaba con la vida; cuanto mayor es ese peligro, para mí, de mayor envergadura es la aventura.

Lo malo nos hacía blindar la cara con el consuelo de "aquí no pasa nada"; lo bueno nos hacía casi llorar de ternura: la cena el Pari, la estancia en el Hotel Madina, las negociaciones con Kayum, el saludo de Mr. Jaqoob, la cena de Talechi...

Pakistán es la ambigüedad inmediata del cielo y del infierno, todo paraiso pase lo que pase... y seguimos marcando camino en dirección a Skardú: posiblemente una de las carreteras más bellas y espectaculares de la Tierra... y si para los Imposibles Aventureros de las motos supuso un riesgo sólo asumible por los nervios más templados de nuestro país, una vez más me quedo sin palabras cuando recuerdo que nosotros íbamos sobre dos frágiles bicicletas; fragilidad que se tornaba insignificancia cuando nos cruzábamos con alguno de los gigantescos camiones pakistaníes, la calzada no tenía más de 2.5 m de anchura y estaba flanqueda por un acantilado de más de 300m por el que descendía el más que impetuoso Indo, o cuando algún vehículo nos adelantaba haciendo vacilar nuestro camino y nuestra desesperada velocidad.

Sin duda pronto, callado, volveré a Pakistán y regresaré en silencio; dejaré la aventura para los aventureros de verdad, para esos mismos que viajaron a India y se trajeron la mirada oscura y profunda de sus habitantes para venderla como humo.