
Supongo que todos, alguna vez, nos hemos sorprendido contemplando la Perfección de algún lugar o de algún instante; supongo que todos, en esa vez, hemos sido conscientes de la Perfección contemplada y nos ha poseído el pensamiento íntimo, silencioso y discreto de "nada podría ser más completo que esto que observo".
Y si todo siguió la evolución común de los lugares e instantes repletos y perfectos, también supongo que, acto seguido al reconocimiento inicial, el pensamiento se detendría delante del abismo que supone el sentirse parte armónica e integral de aquello que nos parece ser Perfección; es justo en ese instante en el que pensamiento se para en seco cuando el Alma se libera de la sensación externa y la Conciencia se precipita hacia aquello que es su Naturaleza.
Puede que por este motivo, transcurrido el Tiempo, olvidemos la circunstancia que generó aquella Perfección y, sin embargo, no podamos desprendernos del recuerdo, de la sensación, que nos hizo perfectos... que, sencillamente, nos hizo.
Nada tiene de extraño el tropezarse con lugares y momentos perfectos: todos los rincones pedriceros lo son, por ejemplo; muchas de las esquinas urbanas que escriben la historia de nuestra vida, optan a serlo; aquellas historias por las que divaga el pensar y se entretiene el alma, también lo son; la mayoría de las miradas que de alguna u otra manera nos sienten, obviamente lo son; también lo es la circunstancia que crea los sueños y el sueño que da a luz al recuerdo...
¿Entonces? Entonces nada, porque lo importante no es percatarse de la Perfección, que también lo es, sino el ser capaz de abandonar el pensamiento y, junto con el Alma, volar a lomos de la Conciencia para poder entender aquello que sin pensar contemplamos.
Si somos capaces de despegar en ese vuelo, la realidad perderá su dimensión y el sueño cruzará la frontera de la Magia; todo dejará de ser lo que estamos acostumbrados que sea y el mundo, libre de pensar, adquirirá la textura de un absurdo en el que no tendremos más remedio que creer... aunque nadie nos crea... aunque no tengamos palabras para explicarlo.
Yo, de nuevo, fui un afortunado y pude abandonar mi Pensamiento para entrar en debate con mi Alma... y me hablaron las rocas... y me guiaron los pájaros... y me encaminaron los vientos... y me abrazó el Dios del Yelmo... y la Perfección mostró ser más que aquello que contemplaba, tanto, que con claridad vi la senda de mi destino y, de mi Alma, se desprendieron las penas de las raíces y las mentiras superfluas que me dijeron aquello que no soy... y el vértigo de los temores fue la levedad... y el dolor de las penas fue el consuelo del horizonte... y la angustia de lo perdido fue la promesa de lo que tendría que vivir...
Y ese diálogo, ese vuelo sin pensamiento y sin vértigo fue tan intenso, directo y letal que no me quedó más remedio que creer en él aunque nadie más lo creyera; porque ese diálogo era tan honesto, aunque yo no dijera ni una sola palabra, que yo mismo y todo lo mío se convertiría en mentira en caso de dudar o no creer en él, en mí.
Seguramente seguiré sin creer en el hombre y sus mentiras... aunque sean por mi bien; pero de lo que nunca podré dudar será de la imagen Perfecta que contemplará mi Alma mientras esta la moldea ni de la magia que, en la noche de algunos lugares, acunará a la realidad para despertar la ilusión de los que sin pensamiento volaron para ser granito y Perfección.
(FOTO JUAN CARLOS GARRIDO. otromodo@hotmail.com)
1 comentarios:
Bonita frase la de Lo Tse:
Para alcanzar el Conocimiento, añade cosas cada día;
para alcanzar la Sabiduría, elimina cosas cada día.
Un saludo
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