martes 24 de junio de 2008

CRÓNICA ALPINA '08

Pues sí, de nuevo me calcé las Trabucco, vamos, las zapas de toda la vida, me enfundé la camiseta de todos los karatekas, arreglé mi reloj, me ajusté mi buff, y me dispuse a recorrer los 42 km, o más, que separan las ocho de la mañana de las tres de la tarde.

Recordé las sensaciones de años anteriores y la única que coincidía era el vértigo que se siente el pontón de salida... ¡la de cosas que le pueden suceder a uno a lo largo de un maratón! Igualito que en la vida, uno no puede dejarse llevar por las sensaciones del momento porque en cuestión de segundos todo puede cambiar; y sin embargo algo, mi intuición supongo, me decía que este año casi todo iba a ser diferente.

Había entrenado como nunca: por montaña y con mucha continuidad. Acumulaba casi tres mil kilómetros en las cachas después de ocho meses y, esa mañana, la de ayer, la del domingo 22, sentía las piernas ágiles y livianas... ¡vamos, como de costumbre a pesar de la errónea apreciación de Antonio, 'Juanito, te noto pesado'!

Y a las ocho y veinte sonó el vocinazo que viene a decir 'pa'riba chavales'. Y a correr por un camino que lleva nombre de Calvario... aunque para Calvario el del año pasado, ¡vaya manera de llover... vaya frío!

Ese calorcito vespertino no anunciaba nada bueno, ¡por dios que torradera!, y no llevábamos ni cinco kilómetros cuando el gilipollas de al lado, seguro que era botánico, muy al estilo de Hamilton, en una chicán del camino, de un culetazo me tiro a las ortigas... ¡hostias, y yo con pantaloncito de esos altos... vamos, achicharrado hasta los muslos y pensando 'ya te pillaré yo, ya te pillaré'.

Muchos aplausos y tras un desnivel de 1400m, en lo alto de la Bola, me dicen que voy en el grupo de cabeza... 'si ya pensaba yo que este maratón iba a ser diferente'... y bajando por la Loma del Noruego, a tumba abierta, para Cotos. '¿Y esto?'_me pregunté mientras empezaban a dolerme las rodillas a pesar del vendaje funcional (vendaje que sólo era una tira de esparadrapo bien fuerte alrededor de la rodilla... ¡ni que yo fuera fisioterapeuta!) que me había currado en la intimidad del coche de mi padre; 'nada'_me respondí sin querer hacer caso a las sensaciones_'seguro que se me estabiliza en cualquier momento'.

Cotos para abajo y Cotos para arriba, por la Peña Citores camino de Peñalara; 'vale, voy bien; voy en el grupo de las chicas. Si me mantengo podré acabar el maratón en menos de cinco horas y media, tiempazo, y además tendré unas vistas inmejorables... no como en el grupo ese de depilados que me ponen de los nervios'.

Corriendo sobre la sonrisa de la diosa volví a ser viento en el cresteo de los Claveles y allí, en lo más alto y Perfecto del pensamiento, en esa sensación que uno sabe que no cambiará a pesar de los kilómetros y de la vida, me sonrieron todos los sueños sobre los que trotaba y sobre los que volvería volar tan pronto como el horizonte espabilara mis sentidos.

Y para abajo haciendo honor a mi sobrenombre ganado a pulso en las carreras de Montaña: 'Juan el atascos'... perdona me dejas pasar... si te haces a un lado... cuidado que voy... me haces el favor... fueron las frases más escuchadas en ese frenético descenso que conecta Peñalara con Cotos, ¡precioso descenso!... pero es que la sensación de las rodillas no solo no desaparecía... las que desaparecían eran las chicas de mi grupo... sino que iba en dolorosísimo aumento, y así comprendí que otro año más debería despedirme de bajar de las 5:30.

De nuevo en Cotos, kilómetro 26 y más de 3000 metros de desnivel acumulado; avituallamiento, en plan chiringuito de todo, y los comentarios y aplausos de la gente... que animan un montón.

Y de Cotos de nuevo para Bola a través de la Loma del Noruego: me cago en el Noruego ese y su puta Loma... y no digo más.

Subiendo las rodillas no me dolían y adelante al menda ese que me había tirado a las ortigas... y empezó mi festival de tropezones varios; vamos, parecía que el pie me había crecido un par de números. Piedra que veía piedra contra la que me tropezaba: 'en una de estas me hostio'_pensé... profético pensamiento.

Y dolor de los dolores; desde la Bola al Alto del Telégrafo andando, y eso que es cuesta abajo, a causa del dolor de rodillas; era tal que me arranqué el vendaje funcional no fuera a ser que ese vendaje me estuviera causando la necrosis de cualquier tendón... que yo de vendajes no sé nada y el dolor era más que insoportable. Ahí me adelantó la chica que quedó quinta; la pobre iba ya muy deteriorada, no a causa de las rodillas, sino por culpa de una mala rehidratación. Había pillado flato y la vi esfumarse, nunca mejor dicho... huelga decir que por unos instantes me alegré de que mis rodillas me impidieran correr tras su estela.

Ya está todo hecho; desde el Alto del Telégrafo a Cercedilla es todo para abajo. 'Al menos ni RichiSan, ni Chispa, ni mi hermana, ni Raquel, ni Nerea, ni Merna esperarán demasiado mi espectacular entrada; como siempre haré seís horas'_me resigné.

Pero mi suerte no había hecho más que anunciar la sombra de una desgracia, ¡joder que efecto dramático tan intenso acabo de escribir!, y me perdí cuando el sentido común dice que después de 35 kilómetros el perderse no es muy recomendable; así que deshice los pasos de mi pérdida, igualito que en la vida, que para más inri eren cuesta abajo, y retomé la senda adecuada que algún gracioso, seguro que fue el botánico ese de las ortigas, había 'desbalizado'.

Y como los últimos siete kilómetros son cuesta abajo pues me desmelené, a pesar de mi buff, y sin recordar que mis pies habían crecido tres números, me lancé en busca de la meta.

Hombre, ágil, ágil, lo que se dice ágil no se me veía a pesar de que un corredor caritativo me había prestado su antiinflamatorio para mis rodillas; pero allí estaba yo esquivando raíces, vadeando ríos, esquivando pinos y ortigas, y saltando piedras... y recuerdo que volé como nunca antes lo había hecho... y recuerdo que el corredor de atrás, un tal Chus que luego resultó ser amigo de Marta, soltó 'vaya hostia se ha dado'... uno de mis pies recién crecidos tropezó y me hizo volar por encima de mis sueños y horizontes. Cosa así de cuatro metros después, caerse cuesta abajo y corriendo rápido no es muy recomendable, me estampané con una piedra... ¡ay mi cara!... pero mi carrera como modelo estaba asegurada. Conservaba los dientes en su sitio y mi elegante nariz intanta por los pelos... esos mismos pelos que se me ponen de punta cuando pienso en la avería que me podía haber hecho.

¡Ay mi rodillita! ¡Por dios que tajo! Aún estado de shock, supongo que sería así como estaba, me rodearon varios corredores consolándome... bueno, uno de ellos me desconsoló al ver mi rodillay marearse... y varios ciclistas de una competición paralela. Y yo pensando en mi reloj recién arreglado estrompado contra una piedra! '¿Dónde está mi reloj?'_ preguntaba;_ '¿pero puedes movel la pierna, tío?'_me respondían.

Minutos después me incorporé y con el buff haciendo las veces de venda, '¿por qué cojones habré tirado mis vendajes funcionales al pedo ?'... en aquel dramático instante si que hubieran servido de algo, porque para el dolor de rodillas, la verdad, es que no fueron nada funcionales... más asustado y agarrotado que nunca, andando como una abuela, proseguí mi descenso dolorido y magullado.

Siete kilómetros en hora y media; ¡por dios que dolor; por dios que largos se me hicieron! Pero llegué entre aplausos y después de haberme dicho mil veces 'una y no más', tras cruzar la línea de meta y localizar a mis espectadores y a la ambulancia del Samur, a pesar de que todo había salido al revés de como esperaba, vamos, iidéntico que en la vida, me prometí a mi mismo que el próximo año me iría mejor.

A lo que voy; ya sabéis que una de las razones por las que corro el Maratón 'Pino' Madrileño es para buscaros la fortuna a modo de lotería de Navidad; después de arduas investigaciones que me costaron piel y sangre, os puedo anunciar que el número agraciado será el 65017.

Pensad en las coincidencias cabalísticas y lo veréis más claro:
-22 de junio - 22 de diciembre.
-España gana a Italia.
-Ninguno espera que salga ese número, pero yo tampoco pensaba que me salieran las cosas como me salieron.
-El número acaba en 7 y las ortigas son verdes, símbolos de fortuna y esperanza.
-Corrí con la camiseta de los karatekas.


Y poco más; que mañana me voy para Groenlandia y estaré más o menos desaparecido. Alguna Crónica Ártica de esas os intentaré deslizar, que los clientes dan para muchas películas y paranoyas... ninguna como la realidad. (Tres días de vacaciones en cuatro meses de curro)

Escalad mucho, entrenad mogollón, y gritad mucho para que pueda enterarme que España ha ganado la Eurocopa.

Hasta pronto. Juan.

1 comentarios:

Chinita dijo...

Hasta siempre Juan, idas y venidas...y nunca logro pillarte!!!

Gracias por tus crónicas.
Espero que a la vuelta de Groelandia le des a tu rodilla el reposo que se merece.

Un abrazo