
Es difícil ser consecuente y andar el camino elegido en la honestidad de las decisiones personales. Es difícil no sucumbir en el autoengaño y continuar avanzando en contra de unos sentimientos que, aparentemente, fingen ser más fuertes que la razón.
Está en nuestra naturaleza el perder frente a las decisiones que conforman el camino de cada cual; y si difícil es ser consecuente y, como digo, no sucumbir, más difícil es todavía el distinguir el camino personal.
Bien es cierto que cuando uno elige es porque la elección le compensa, aunque no deja de ser mentira el hecho de que esa misma elección lleva adosada intrínsecamente una pérdida que siempre duele y que, nostalgias aparte, terminaremos lamentando. Por eso amamos lo que perdemos; por eso amamos lo que ya no tenemos.
Sólo la perspectiva del Tiempo nos dará la virtud o la necedad de nuestras decisiones; porque la elección es una cuestión de circunstancia puntual... y aunque todos lo conocemos, todos parecemos olvidar que las circunstancias cambian, que nada es eterno.
Cada cual selecciona sus criteros de elección siguiendo los parámetros que más le interesan en la circunstancia de su vida: unos se guían por el éxito social, otros por el económico, otros por el familiar, otros por el laboral, otros por el qué dirán... allá cada cual.
Yo selecciono mis caminos en función de los susurros hablados y de las visiones que últimamente se están desbordando en mi realidad... ¡y qué difícil es andar el camino de una visión! A veces tengo la sensación de estar recorriendo la imagen virtual de una vida que no tardará en desperezarse del sueño para confirmarme que, una vez más, me confundí.
Sin embargo, a pesar de que la duda es la frontera que marca el límite entre la virtud y la necedad, algo tira de mí en el sentido de esa visión que bajó del Viento y que me anunció la imagen de lo que fui mientras anduve y de lo que seré mientras ando.
En la virtud de mi decisión se encuentra la Perfección de lo observado; una Perfección que está ajena a circunstancias, a sentimientos y razones; en la necedad de mis actos se esconde la trampa de una circunstancia que poseí y que por ello nunca me perteneció.
¿Hacia que abismo nos despeñaremos en el camino de la duda? A veces es mejor no pensarlo, ¿seguro?
Supongo que hay perfiles, sueños, que lejos de dar miedo, son capaces de sembrar la incertidumbre en la decisión de nuestras conciencias. 
