sábado 26 de enero de 2008

VISIONES


Es difícil ser consecuente y andar el camino elegido en la honestidad de las decisiones personales. Es difícil no sucumbir en el autoengaño y continuar avanzando en contra de unos sentimientos que, aparentemente, fingen ser más fuertes que la razón.
Está en nuestra naturaleza el perder frente a las decisiones que conforman el camino de cada cual; y si difícil es ser consecuente y, como digo, no sucumbir, más difícil es todavía el distinguir el camino personal.
Bien es cierto que cuando uno elige es porque la elección le compensa, aunque no deja de ser mentira el hecho de que esa misma elección lleva adosada intrínsecamente una pérdida que siempre duele y que, nostalgias aparte, terminaremos lamentando. Por eso amamos lo que perdemos; por eso amamos lo que ya no tenemos.
Sólo la perspectiva del Tiempo nos dará la virtud o la necedad de nuestras decisiones; porque la elección es una cuestión de circunstancia puntual... y aunque todos lo conocemos, todos parecemos olvidar que las circunstancias cambian, que nada es eterno.
Cada cual selecciona sus criteros de elección siguiendo los parámetros que más le interesan en la circunstancia de su vida: unos se guían por el éxito social, otros por el económico, otros por el familiar, otros por el laboral, otros por el qué dirán... allá cada cual.
Yo selecciono mis caminos en función de los susurros hablados y de las visiones que últimamente se están desbordando en mi realidad... ¡y qué difícil es andar el camino de una visión! A veces tengo la sensación de estar recorriendo la imagen virtual de una vida que no tardará en desperezarse del sueño para confirmarme que, una vez más, me confundí.
Sin embargo, a pesar de que la duda es la frontera que marca el límite entre la virtud y la necedad, algo tira de mí en el sentido de esa visión que bajó del Viento y que me anunció la imagen de lo que fui mientras anduve y de lo que seré mientras ando.
En la virtud de mi decisión se encuentra la Perfección de lo observado; una Perfección que está ajena a circunstancias, a sentimientos y razones; en la necedad de mis actos se esconde la trampa de una circunstancia que poseí y que por ello nunca me perteneció.
¿Hacia que abismo nos despeñaremos en el camino de la duda? A veces es mejor no pensarlo, ¿seguro?
(FOTO DE RAÚL. fotoraul7@yahoo.es)

viernes 25 de enero de 2008

PERDER TIEMPO


Yo he tenido la suerte de poder viajar a Cachemira dos veces en mi vida y, tengo la certeza, de que habrá una tercera.
En el primer viaje, corría el año 1998, me sentí encerrado como si en una prisión se estuvieran desarrollando mis acontecimientos a causa de la tensa situación entre India, Pakistán, ¡qué países tan enormes!, y los Independentistas Cachemires, ¡qué región más bella!.
En este primer viaje, iba en autobús, era escoltado permanentemente por dos militares que me acompañaban a todos lados y que durmieron en la puerta de mi habitación cuando el bus se detuvo a hacer noche en la ciudad de Kargil.
Una vez en Srinagar, capital de Cachemira, a penas pude salir de mi casa barco y raro era el instante del día y, sobre todo, de la noche en la que no se escuchaban tiroteos por la calle y fuego de artillería pesada.
Y me fui de Cachemira pensando que me quedaba sin conocer una de las regiones más bellas de la Tierra.
Pasó el Tiempo, y como el Tiempo es el motor del Cambio, y como el Cambio es una Ley de la Naturaleza, pues todo cambió y llegó el año 2004. De nuevo para Cachemira, esta vez en bici, esta vez sudando los 500 kilómetros aproximados que separan Leh de Srinagar y comprobando que, efectivamente, se trata de una de las regiones más bellas de la Tierra.
En ese trayecto todo es inestable, aún tenso, y solitario; todo es leve y todo sucede en la brevedad característica que nos hace pensar que lo que ocurrió hace apenas cinco minutos fue un sueño o una fantasía. Todo sucede a tal velocidad que uno apenas tiene tiempo de asimilar el Cambio que domina el Universo... ¡hace cinco kilómetros la Tierra era budista y resonaban los mantras de las gompas y, ahora, todo es hospitalidad musulmana y en el ambiente se respira el canto del muecín!
Aprendí que la Virtud se encuentra en el esfuerzo, que no hay Perfil suficientemente duro como para derrotar al empeño personal; comprendí que la Vida hay que vivirla en primera persona para distinguir la frontera entre "mi verdad" y el prejuicio de los otros... y aún sonrío, aún vivo en aquella inmensa Filosofía Cachemir que me enseñó la importancia de preparar el alma para morir y la certeza de que, a veces, es necesario perder Tiempo para ganar Vida.
(FOTO MARTA HUERTA. nubedenieve@hotmail.com)

jueves 24 de enero de 2008

PERFILES


Supongo que hay perfiles, sueños, que lejos de dar miedo, son capaces de sembrar la incertidumbre en la decisión de nuestras conciencias.
Yo una vez tuve un sueño de esos épicos que hizo dudar a mi conciencia. Y, no podía ser de otro modo, todo comenzó en la cima del Yelmo con el épico susurro que me dijo "¿por qué no?".
Así, empecé a pedalear con la persona adecuada hacia el horizonte correcto en la certeza de que tarde o temprano terminaría viviendo la perfección de un sueño que recordaría todos los días de mi vida.
Creo que fue ahí, justo en el momento en el que el sueño se deshizo de la razón en aquel atardecer pedricero, cuando comprendí y acepté el hecho de que debía transitar un camino poco frecuentado si quería que los sueños fueran mi vida, si pretendía que mi vida fuera sueño.
De nuevo la duda, de nuevo las raíces de la conciencia, se empeñaban en vacilar a la decisión con preguntas que no existían pues hablaban del futuro "¿vas a poder pedalear a más de 5000m?; ¿vas a ser capaz de encontrar el camino?; ¿vas a poder ir por donde apenas pueden subir coches y camiones?"... ¡y qué más daba, si uno empieza a pensar todo lo que le puede pasar en la vida lo mejor es que no salga de su casa!
Y salí de casa para ya nunca dejar de soñar.

miércoles 23 de enero de 2008

TRECE AÑOS DESPUÉS

LA ENORME DISTANCIA.
¿Dónde está el parque que ahora paseas
en silencio? Tras la enorme distancia
del tiempo y el recuerdo, dulce infancia,
sueña con nuestros juegos. Y deseas
regresar a aquel misterio que aireas
en los caminos de cedros. Fragancia
de pinos, y las castañas con gracia
vuelan en la risa para que seas
de nuevo la niña que juega y salta,
que se esconde corriendo con un perro
que ladra. ¿Dónde está el tiempo del parque?
Sus hojas en el otoño echo en falta;
a sus praderas descalzo me aferro
para que de allí nadie nos arranque.

martes 22 de enero de 2008

AL PRINCIPIO... OTRA VEZ

De nuevo, otra vez perdido, me encuentro al comienzo de todo a pesar de lo andado, consumido, y pedaleado. ¿Habré extraviado el horizonte o, por el contrario, estaré mirando en la dirección equivocada?
Quizás sea tan sólo la extrañeza de sentirme en donde deseo estar, de haber logrado la vida soñada... ¿pero qué es lo que queda cuando uno logra sus sueños? Simplemente el vacío del no soñar; y eso es lo que me hace caminar por esta inercia leve que parece no pasar y que, sin embargo, todo lo consume con su paso.
Madrid se ha convertido en el recuerdo permanente de la melancolía, en una mirada retrospectiva que bloquea el nuevo sueño... y aunque desconozco sus imágenes, sé que volverá a estar repleto de miradas, silencios, horizontes, ocasos, soledades, y un destino que sólo se entrevé cuando acaba el atardecer se contemplan los perfiles recortados se otros momentos y lugares.
Siempre, cuando busco un sueño, para encontrar un horizonte, acostumbro a subirme al Yelmo de la Pedriza; allí habita un dios amable que es capaz de susurrar la sonrisa de un destino... tan sólo hay que saber escuchar su susurro, ese que suspira "¿por qué no?" y enseguida dibuja la sonrisa ante la perspectiva de un nuevo desafío.
Fue allí, en el Yelmo, donde dieron comienzo mis más bellos sueños.
(FOTO MARTA HUERTA. nubedenieve@hotmail.com)