martes 6 de enero de 2009

YO SOY PALESTINO.


Soy un ser apolítico; vamos, que como creo que un político por definición es alguien deshonesto, pues como que procuro mantenerme al margen de sus historias.

Nunca fui tampoco demasiado afín a las doctrinas de control de masas ni a la de las verdades absolutas, que ese es otro tipo de política subterránea mucho más apestosa y sucia que la que ejercen los moradores del Senado y de las Cortes.

Siempre he sido partidario del "vive y deja vivir"... porque el camino de la felicidad es algo personal y nadie es quién para juzgar o inmiscuirse en el camino de la felicidad de cada cual.

Y como no creo en ninguna de las dos políticas ni en ninguna de las dos doctrinas jamás, hasta el momento, he escrito sobre ello.

Los que tenéis la paciencia de conocerme y además aguantáis lo que escribo, sabéis que zozobro más a babor, es decir, que en los mapas, como los Reyes, tiendo más hacia Oriente.

Para mí las Democracias no son más que dictaduras económicas en las que, como dicen los ACDC, "money talks"; en nombre de la Democracia y de la Libertad, es decir, del dólar, del euro, del dinar, o de la rupia, se pisotean países y se fusilan conciencias olvidándose las lecciones que la Historia nos enseñó.

En nombre de la Democracia y de la Libertad vamos sembrando nuestro entorno con víctimas que tan sólo son daños colaterales... daños colaterales que tenían vida, que se levantaban todas las mañanas, que sonreían en sus ilusiones, que tan sólo querían vivir... daños colaterales que se dormían esperanzados en el sueño de observar el horizonte adecuado... Tan sólo daños colaterales.

Los que me seguís hace tiempo sabéis que tuve algunos desencuentros muy desagradables con refugiados palestinos; y aunque sigo sin casarme con nadie, afortunadamente para ese alguien, Hoy Soy Palestino. No comprendo la atrocidad israelí; pero claro, tampoco puedo opinar pues soy incapaz de leer la realidad del Pueblo Elegido a través de unos ojos que sigue aplicando la Ley del Talión y continúa empecinado en unas palabras divinas que les insta a derrotar a su enemigo sin considerar la sangre derramada del inocente.

Hoy Soy Palestino; antes de abrir mis regalos de Reyes abrí mi correo y me encontré las palabras de un amigo de Gaza: "mis cuatro hijos han muerto"... quizás sea su último correo.


jueves 6 de noviembre de 2008

ABRAZOS.


A veces, con demasiada frecuencia, olvidamos el poder de las palabras y la persuasión que pueden tener nuestras expresiones sobre el pensamiento y la conducta de los demás.

Ya lo decía Don Quijote: "la pluma es la lengua del alma", y el alma, ese grado de consciencia y conocimiento individual, es la encargada de formar el Universo personal en el que nos desenvolvemos e intentamos desarrollarnos. Podría decirse, en más de un sentido, que construímos los cimientos de nuestra existencia a fuerza de nuestras palabras y que nos rodeamos de circunstancias, relaciones al fin y al cabo, edificadas sobre las palabras de los demás.

¿Por qué ocurre entonces que muchas vidas se derrumban y aplastan con su peso las existencias sobre las que se edificaron? Supongo que porque las bases sobre las que se levantaron eran débiles y endebles, inseguras. Supongo que porque muchos somos, o representamos ser en el peor de los casos, la espectativa y la imagen que los otros tienen de nosotros... en el mejor de los casos aspiramos, o nos creemos ser, el reflejo que un espejo nos devuelve y en el que en realidad sólo observamos a los demás, al concepto que otros tienen por belleza: jamás a nosotros mismos.

Y suele ocurrir que huímos de nosotros mismos: de nuestras canas, de nuestros pliegues, de nuestras arrugas, de nuestros dientes, de nuestros miedos, de, en definitiva, de nuestra imagen.

Pero, ¿somos en realidad aquello que vemos? Pienso que si de verdad somos eso, un reflejo, pobre imagen tenemos de nosotros.

Ocurre que en algunos lugares de ánima rasgada y errante no tienen espejos para no asociar su consciencia con la imagen de su cuerpo, con su circunstancia; muchos envejecen sin saber cual es el perfil de su rostro pero sintiendo como la sonrisa de sus actos embellece el desconocido reflejo.

Disociada la unión que confunde cuerpo y alma empieza el camino que concluye cuando se libera el conocimiento de lo que soy con el de la circunstancia que me rodea. Quizás así pudieran desprenderse las sensaciones y edificarse un cosmos que no dependiera de las palabras, ni de las nuestras ni la de los demás; quizás así el pensamiento dejaría de vagar para tornarse consciencia perfecta y no depender ni de reflejos ni de circunstancias. Quizás, supongo, lo que quedaría entonces de uno mismo sería tan sólo eso, uno mismo sin maquillajes, sin dependencias, sin entorno.

Y como todo lo que es hermoso en la vida, bello, este proceso de catarsis debería ser leve para derrumbar lo que fuímos sin el trauma de la vida edificada a base de mentiras, de opiniones ajenas, y de reflejos.

Ojalá que las palabras fueran siempre abrazos... si no las de los demás, sí deberían serlo las nuestras: para sentir sin ver lo que somos; para ser y fluir cuando todo se derrumbe; para no asustarnos cuando al alma no le quede cuerpo y el único camino sea el susurro de una pluma que leve nos acarició.

(Para ver el poder que tienen las palabras en los demás, en nosotros mismos, buscad en Google la entrada Masaru Emoto; cualquiera de los enlaces que lleve "mensajes del agua" es más elocuente que mis palabras... con ellas, con humo de incienso, os abrazo).

sábado 1 de noviembre de 2008

HABLA GROENLANDIA


Podría hablar de fiordos, de glaciares, de montañas; podría contar historias de vientos, de nieblas, de soledades; podría intentar describir la incomprensión de un tiempo acelerado y el absurdo de un reloj congelado y nevado, de unos segundos hechos mar, y de un océano convertido en el camino de la niebla confundida.

Podría, una vez más, hablar sobre Groenlandia e intentar describir la senda que enreda sus horizontes y mis destinos; pero esta vez, más que hablar, intentaré sentir el lenguaje de una Tierra que más allá del paralelo 60, sutilmente susurra la intuición de una comunicación que no se expresa ni con palabras ni con gestos.

Quizás todo sea, de nuevo, una locura de las mías; quizás, tan sólo, sea una sensación que todos acariciamos y que solamente sentimos aquellos que transitamos el arco virtual que va más allá de ese paralelo 60.

Vivo enredado en un mundo caótico de karmas, de leyes que accionan y que reaccionan; vivo permanentemente fascinado por la sonrisa de los dioses amables que aspiran el incienso de algunos humos y de extraños ritos; simplemente, intento vivir en la armonía de mi conciencia encajando las piezas que venían en la caja del puzzle de la existencia que me tocó vivir. Y buena parte de lo que me tocó fue la sonrisa de una soledad que, de momento, nunca ha sido ausencia.

Siempre he dicho, he pensado, que si dios existe, existencia de la que dudo pues sólo puedo creer en el universo de mi caótico mundo, éste debe esconderse entre los riscos de la Pedriza pues, como queda escrito en algunas otras entradas de este blog, ha sido allí, en la cima del Yelmo, en donde han empezado todos mis sueños, en donde he confundido el horizonte con la Perfección, y en donde el susurro de su amable dios ha sido un sentimiento personalizado.

Y quizás, volviéndome loco, empecé a comprender las palabras que buscaban algunos de mis inciensos y que sin lucha, sin forzarlas, me hacían estar en el lugar adecuado para que mi destino se siguiera tropezando fluídamente conmigo.

¡Y yo que creía que comprendía! Así llegué a Groenlandia y experimenté como la voz no sólo de dios, sino de todo el entorno habitualmente considerado mudo, rasgaba su susurro en el grito que conlleva el transitar aquellas soledades... ¡difícil eso de intentar explicar el sentir más allá de las palabras! ¡Difícil esto de intentar transmitir una sensación a quién, a lo mejor, nunca antes las experimentó!

Caminé y allí, en ese paralelo en donde todo debe fluir porque de lo contrario el horizonte te da una patada en el trasero y te envía malhumorado de regreso a casa, empezaron ha hablarme las nubes al tiempo que el hielo claro de miles de témpanos mostraban un lenguaje, el suyo, antes encriptado en la fortaleza de sus formas.

Anduve en soledad, sin ausencias, y despierto vi pájaros transformar su presencia para mostrarme la verdad de un camino, el mío, en la certeza de que aunque uno pierda uno nunca debe dudar en las elecciones que conforman el puzzle de su universo.

Aguardé leve, sin forzar las situaciones de otros destinos antes desesperados, y el horizonte volvió a tropezarse con mi mirada encajando el universo hablado de karmas con mi mundo caótico.

Así, hasta mí, llegó el abrazo de aquel que fue Atos para de nuevo sentirle, para decirme que jamás hubiera imaginado volver a correr por unas praderas tan verdes como aquellas, más intensas incluso que esas otras que atesora el parque de atrás de mi casa; para comprender que él también tenía un horizonte hermoso... carente de dudas y de ausencias.

(Foto Pablo Seco Paz)

viernes 24 de octubre de 2008

EL TXEMA, ¡QUÉ GRANDE EL TÍO!

Pasó el tiempo de Groenlandia y a pesar de las despedidas, quizás, uno no es consciente de las ausencias hasta que a su alrededor sólo quedan el vacío de los recuerdos y el eco de las voces pasadas.

Durante toda la temporada, uno se acostumbra a los adioses de clientes y de compañeros que regresan al horizonte de sus rutinas.

Durante el tiempo que dura la temporada, uno termina por habituarse a las despedidas en el pantalán del puerto de Qassiarsuq y al "hasta luego" tras la mampara del aeropuerto de Narsarsuaq.

Entre adioses, algunos sufridos, otros deseados, se consumen los meses de lo que es la temporada y el fin termina por aislar las almas de los pocos ánimos adormecidos que vamos quedando por Groenlandia.

Groenlandia fue pasando a través del tiempo: junio, julio y agosto fueron meses apacibles, agradables para pasear; fueron el tiempo de los lejanos horizontes gélidos. Septiembre y octubre llegaron a través del gélido horizonte y, como ocurre con casi todas las cosas bellas, Groenlandia empezó a llenarse de espinas: de niebla, de viento, de nieve, de lluvia, de mucho hielo... de extraña Perfección.

El tiempo, ese mismo tiempo que vació el Hostel y pobló el ambiente de melancólica soledad, se llevó también a los locales y dejó Qassiarsuq casi despoblado de gente; y entre tanta ausencia quedamos, quizás, los últimos: Txema y yo.

Recuerdo cuánto ansiábamos la noche del 22 de octubre; recuerdo los ánimos mutuos cuando uno, yo, se iba "pillar cacho" sobre el hielo, entre la niebla, bajo la nieve y el otro, él, se quedaba para las ñapas que requerían la caldera, los ratones, las tuberías, el almacén, la conducción del Defender...

Recuerdo las miradas y la sonrisa que consolaba el desánimo de "los cartulis"; recuerdo las maneras de soñar, las conversaciones sobre bellas miradas, y la música de un "Muchachito" que siempre llenaba de buen rollo el frío del Hostel al amanecer; recuerdo las teorías sobre los nudos y los cursos de "Don Ramón"; recuerdo las semanas de lentejas con arroz y el auxilio de los socorridos noodles...

Recuerdo que al final, cuando todo era silencio, sólo quedábamos el Txema, yo, una botella de Martini, y la soledad esperanzada de Narsarsuaq: allá donde todo era nieve y hielo; donde el mar era la quietud de miles de nubes de nieve que presas se quedaron en mi recuerdo y sobre sus aguas.

Y no fui consciente de lo que en aquel final pesaba aquella soledad hasta que el Txema enfiló su destino y horizonte alemán a través de la puerta de embarque de su vuelo dejándolo todo lleno del vacío que son las voces y el recuerdo de ecos ya pasados.

¡Qué grande eres Txema!... a ver si un día de estos , quizás el año que viene, cuando nos volvamos a ver en las mismas, me dices qué es lo que cuentas, que ando intrigado.







martes 24 de junio de 2008

CRÓNICA ALPINA '08

Pues sí, de nuevo me calcé las Trabucco, vamos, las zapas de toda la vida, me enfundé la camiseta de todos los karatekas, arreglé mi reloj, me ajusté mi buff, y me dispuse a recorrer los 42 km, o más, que separan las ocho de la mañana de las tres de la tarde.

Recordé las sensaciones de años anteriores y la única que coincidía era el vértigo que se siente el pontón de salida... ¡la de cosas que le pueden suceder a uno a lo largo de un maratón! Igualito que en la vida, uno no puede dejarse llevar por las sensaciones del momento porque en cuestión de segundos todo puede cambiar; y sin embargo algo, mi intuición supongo, me decía que este año casi todo iba a ser diferente.

Había entrenado como nunca: por montaña y con mucha continuidad. Acumulaba casi tres mil kilómetros en las cachas después de ocho meses y, esa mañana, la de ayer, la del domingo 22, sentía las piernas ágiles y livianas... ¡vamos, como de costumbre a pesar de la errónea apreciación de Antonio, 'Juanito, te noto pesado'!

Y a las ocho y veinte sonó el vocinazo que viene a decir 'pa'riba chavales'. Y a correr por un camino que lleva nombre de Calvario... aunque para Calvario el del año pasado, ¡vaya manera de llover... vaya frío!

Ese calorcito vespertino no anunciaba nada bueno, ¡por dios que torradera!, y no llevábamos ni cinco kilómetros cuando el gilipollas de al lado, seguro que era botánico, muy al estilo de Hamilton, en una chicán del camino, de un culetazo me tiro a las ortigas... ¡hostias, y yo con pantaloncito de esos altos... vamos, achicharrado hasta los muslos y pensando 'ya te pillaré yo, ya te pillaré'.

Muchos aplausos y tras un desnivel de 1400m, en lo alto de la Bola, me dicen que voy en el grupo de cabeza... 'si ya pensaba yo que este maratón iba a ser diferente'... y bajando por la Loma del Noruego, a tumba abierta, para Cotos. '¿Y esto?'_me pregunté mientras empezaban a dolerme las rodillas a pesar del vendaje funcional (vendaje que sólo era una tira de esparadrapo bien fuerte alrededor de la rodilla... ¡ni que yo fuera fisioterapeuta!) que me había currado en la intimidad del coche de mi padre; 'nada'_me respondí sin querer hacer caso a las sensaciones_'seguro que se me estabiliza en cualquier momento'.

Cotos para abajo y Cotos para arriba, por la Peña Citores camino de Peñalara; 'vale, voy bien; voy en el grupo de las chicas. Si me mantengo podré acabar el maratón en menos de cinco horas y media, tiempazo, y además tendré unas vistas inmejorables... no como en el grupo ese de depilados que me ponen de los nervios'.

Corriendo sobre la sonrisa de la diosa volví a ser viento en el cresteo de los Claveles y allí, en lo más alto y Perfecto del pensamiento, en esa sensación que uno sabe que no cambiará a pesar de los kilómetros y de la vida, me sonrieron todos los sueños sobre los que trotaba y sobre los que volvería volar tan pronto como el horizonte espabilara mis sentidos.

Y para abajo haciendo honor a mi sobrenombre ganado a pulso en las carreras de Montaña: 'Juan el atascos'... perdona me dejas pasar... si te haces a un lado... cuidado que voy... me haces el favor... fueron las frases más escuchadas en ese frenético descenso que conecta Peñalara con Cotos, ¡precioso descenso!... pero es que la sensación de las rodillas no solo no desaparecía... las que desaparecían eran las chicas de mi grupo... sino que iba en dolorosísimo aumento, y así comprendí que otro año más debería despedirme de bajar de las 5:30.

De nuevo en Cotos, kilómetro 26 y más de 3000 metros de desnivel acumulado; avituallamiento, en plan chiringuito de todo, y los comentarios y aplausos de la gente... que animan un montón.

Y de Cotos de nuevo para Bola a través de la Loma del Noruego: me cago en el Noruego ese y su puta Loma... y no digo más.

Subiendo las rodillas no me dolían y adelante al menda ese que me había tirado a las ortigas... y empezó mi festival de tropezones varios; vamos, parecía que el pie me había crecido un par de números. Piedra que veía piedra contra la que me tropezaba: 'en una de estas me hostio'_pensé... profético pensamiento.

Y dolor de los dolores; desde la Bola al Alto del Telégrafo andando, y eso que es cuesta abajo, a causa del dolor de rodillas; era tal que me arranqué el vendaje funcional no fuera a ser que ese vendaje me estuviera causando la necrosis de cualquier tendón... que yo de vendajes no sé nada y el dolor era más que insoportable. Ahí me adelantó la chica que quedó quinta; la pobre iba ya muy deteriorada, no a causa de las rodillas, sino por culpa de una mala rehidratación. Había pillado flato y la vi esfumarse, nunca mejor dicho... huelga decir que por unos instantes me alegré de que mis rodillas me impidieran correr tras su estela.

Ya está todo hecho; desde el Alto del Telégrafo a Cercedilla es todo para abajo. 'Al menos ni RichiSan, ni Chispa, ni mi hermana, ni Raquel, ni Nerea, ni Merna esperarán demasiado mi espectacular entrada; como siempre haré seís horas'_me resigné.

Pero mi suerte no había hecho más que anunciar la sombra de una desgracia, ¡joder que efecto dramático tan intenso acabo de escribir!, y me perdí cuando el sentido común dice que después de 35 kilómetros el perderse no es muy recomendable; así que deshice los pasos de mi pérdida, igualito que en la vida, que para más inri eren cuesta abajo, y retomé la senda adecuada que algún gracioso, seguro que fue el botánico ese de las ortigas, había 'desbalizado'.

Y como los últimos siete kilómetros son cuesta abajo pues me desmelené, a pesar de mi buff, y sin recordar que mis pies habían crecido tres números, me lancé en busca de la meta.

Hombre, ágil, ágil, lo que se dice ágil no se me veía a pesar de que un corredor caritativo me había prestado su antiinflamatorio para mis rodillas; pero allí estaba yo esquivando raíces, vadeando ríos, esquivando pinos y ortigas, y saltando piedras... y recuerdo que volé como nunca antes lo había hecho... y recuerdo que el corredor de atrás, un tal Chus que luego resultó ser amigo de Marta, soltó 'vaya hostia se ha dado'... uno de mis pies recién crecidos tropezó y me hizo volar por encima de mis sueños y horizontes. Cosa así de cuatro metros después, caerse cuesta abajo y corriendo rápido no es muy recomendable, me estampané con una piedra... ¡ay mi cara!... pero mi carrera como modelo estaba asegurada. Conservaba los dientes en su sitio y mi elegante nariz intanta por los pelos... esos mismos pelos que se me ponen de punta cuando pienso en la avería que me podía haber hecho.

¡Ay mi rodillita! ¡Por dios que tajo! Aún estado de shock, supongo que sería así como estaba, me rodearon varios corredores consolándome... bueno, uno de ellos me desconsoló al ver mi rodillay marearse... y varios ciclistas de una competición paralela. Y yo pensando en mi reloj recién arreglado estrompado contra una piedra! '¿Dónde está mi reloj?'_ preguntaba;_ '¿pero puedes movel la pierna, tío?'_me respondían.

Minutos después me incorporé y con el buff haciendo las veces de venda, '¿por qué cojones habré tirado mis vendajes funcionales al pedo ?'... en aquel dramático instante si que hubieran servido de algo, porque para el dolor de rodillas, la verdad, es que no fueron nada funcionales... más asustado y agarrotado que nunca, andando como una abuela, proseguí mi descenso dolorido y magullado.

Siete kilómetros en hora y media; ¡por dios que dolor; por dios que largos se me hicieron! Pero llegué entre aplausos y después de haberme dicho mil veces 'una y no más', tras cruzar la línea de meta y localizar a mis espectadores y a la ambulancia del Samur, a pesar de que todo había salido al revés de como esperaba, vamos, iidéntico que en la vida, me prometí a mi mismo que el próximo año me iría mejor.

A lo que voy; ya sabéis que una de las razones por las que corro el Maratón 'Pino' Madrileño es para buscaros la fortuna a modo de lotería de Navidad; después de arduas investigaciones que me costaron piel y sangre, os puedo anunciar que el número agraciado será el 65017.

Pensad en las coincidencias cabalísticas y lo veréis más claro:
-22 de junio - 22 de diciembre.
-España gana a Italia.
-Ninguno espera que salga ese número, pero yo tampoco pensaba que me salieran las cosas como me salieron.
-El número acaba en 7 y las ortigas son verdes, símbolos de fortuna y esperanza.
-Corrí con la camiseta de los karatekas.


Y poco más; que mañana me voy para Groenlandia y estaré más o menos desaparecido. Alguna Crónica Ártica de esas os intentaré deslizar, que los clientes dan para muchas películas y paranoyas... ninguna como la realidad. (Tres días de vacaciones en cuatro meses de curro)

Escalad mucho, entrenad mogollón, y gritad mucho para que pueda enterarme que España ha ganado la Eurocopa.

Hasta pronto. Juan.